Según un artículo de Melinda Wenner Moyer (2011) en la revista Mente y Cerebro, el juego libre e imaginativo resulta crucial para el desarrollo social, emocional y cognitivo. Permite una mejor adaptación, estimula la inteligencia y reduce el estrés.
Los datos de más de 6000 personas entrevistadas sugieren que la falta de oportunidades para jugar de forma desestructurada e imaginativa puede impedir que los niños crezcan felices e integrados. El juego libre resulta crucial para que una persona llegue a ser socialmente competente, maneje el estrés y desarrolle habilidades cognitivas, como por ejemplo, la capacidad para resolver problemas.
El juego cuenta con una gran importancia evolutiva. Jugar podría proporcionar a los animales (incluidos los humanos) las herramientas que les ayudarán a sobrevivir y a reproducirse.
Hoy por hoy, el juego libre parece estar perdiendo peso como ingrediente básico de la juventud. Según un artículo publicado en 2005 en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, el tiempo que los niños dedican a entretenerse libremente disminuyó una cuarta parte entre 1981 y 1997.
Diversos estudios demuestran que una juventud privada de juego deteriora el desarrollo social, emocional y cognitivo normal en humanos y animales. Otros psicólogos se muestran preocupados ante la posibilidad de que la limitación del juego libre en el desarrollo de los críos pueda derivar en una generación de adultos ansiosos, infelices e inadaptados sociales.
No obstante, nunca es tarde para empezar este tipo de práctica: jugar también ayuda a mantener el bienestar mental y físico de los adultos.
Para más información:
Menner Moyer, M. (2011) La importancia de jugar. Mente y Cerebro, 46, pp. 38 - 45
Un saludo,
Daniel Fernández López