sábado, 25 de agosto de 2012

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Aprender música de niño ayuda al cerebro de adulto


Aunque son muchas las investigaciones que han analizado cómo la música afecta a nuestro cerebro y cuerpo, el estudio que ahora presentan investigadores de la Universidad de Northwestern, en Evanston, Illinois (EEUU), se centra más en analizar qué ocurre después de que los niños dejen de tocar un instrumento musical si sólo lo han hecho durante unos pocos años.

Para conocer si esos años de aprendizaje se tiran por la borda una vez que se abandona el estudio musical, se midieron las señales eléctricas del bulbo raquídeo de 45 adultos en respuesta a ocho sonidos complejos con diferentes tonos.

Comparados con aquellos sin formación musical, los participantes que habían estudiado de uno a cinco años de música tenían mejores respuestas cerebrales frente a sonidos complejos.

La noticia completa, aquí.

Un saludo,
Adrián Infante Dionisio
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martes, 25 de enero de 2011

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El placer de la música


Existen canciones que nos aceleran el pulso y la respiración, que nos ponen la piel de gallina y que desencadenan en el cerebro una cascada de reacciones mediadas por la dopamina en el sistema de recompensa.

Un estudio revela que la música puede ser tan placentera como la droga.
Como ya es sabido por todos, los humanos sentimos una sensación de placer frente a estímulos que cubren nuestras necesidades para sobrevivir (p.ej.: comida) y también a las sustancias que promueven esas reacciones químicas (drogas), así como a las adicciones psicológicas (p.ej.: las compras compulsivas). No obstante, también tenemos la capacidad de obtener placer a través de estímulos abstractos como la música o el arte.
La capacidad de la música para provocar reacciones fisiológicas está perfectamente documentada. Es lo que se llama 'escalofrío emocional', una respuesta mediada por el sistema nervioso autónomo que afecta a la frecuencia cardiaca, respiratoria, a la conductividad de la piel y a la temperatura periférica.

Gracias a la investigación realizada en el Instituto Neurológico de Montreal de la Universidad McGill (Canadá), ahora sabemos que la dopamina también media el placer que experimentamos con la música.

Para leer la noticia completa: elmundo.es

Un saludo,
Daniel Fernández López
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